
Hace algunos días atrás volví al colegio donde estudié. No fue un ataque repentino de nostalgia ni nada parecido, estaba haciendo mi reportaje sobre la violencia juvenil en los colegios y fuí al
Instituto Miguel León Prado porque conozco desde adentro su dinámica y su estatus. Y claro, necesitaba el lado claro de la luna, siendo el colegio donde trabaja mi madre completamente lo opuesto, donde los niños se amenazan con cuchillos y tienen padres narcotraficantes.
El caso es que volví a ver a la vieja de mierda que me mandó a la psicopedagoga para tratar mi "dolor" de tener padres separados, cosa que nunca me dolió, y volví a ver a la psicopedagoga (a la que entrevisté para este reportaje) que me "trató", entre comillas, porque siempre le dijo a la Vieja Sonia que yo no tenía ningún trastorno del aprendizaje, sólo que era algo inquieto (daba vuelta las sillas y esas cosas).
El colegio sigue igual, luego de tres años de ausencia de la generación 2006, la más conflictiva que alguna vez tuvo ese establecimiento. Éramos unos conchesumadres, hacíamos llorar a los profes, habían golpizas multitudinarias contra un solo alumno (algunas veces me sacaron la mierda a mí, y viví escenas que pueden apreciarse en
el video de "Clown" de KoRn), algunos fornicaban en los baños y otros fumaban a escondidas o jalaban tiza, para emular los efectos de la cocaína (esto último era bastante estúpido, pero lo ví con mis propios ojos).
Yo formé parte de una agrupación de "elite" durante el final de mi educación básica. La Vieja Sonia, directora del primer ciclo, me metió en medio del
grupo de "niños conflictivos" del curso (en el cual estaban la mayoría de los matones que me golpeaban día a día, o me botaban los útiles escolares a un inodoro lleno de orina, mientras sacaban a relucir de una forma bastante rascista mi ascendencia boliviana) porque un día me harté de los abusos cometidos hacia mi persona y me agarré a combos con el Nicolás Soto, el weón que más disfrutaba golpeándome.
Lo bueno de esa experiencia es que dejé gradualmente de ser el weón al que le pegaban y me fui volviendo amigo de la mayoría de los imbéciles que me golpeaban, terminando para siempre las golpizas, siendo mi mejor amigo de ese grupillo don Kenji Basaure Matsumoto, de notoria ascendencia japonesa, mejor conocido como "Chino Gay","Oriental Maricón", o cosas por el estilo.
Volví a ver a ese grupo hace unos días? Por supuesto que no. Pero la existencia de ese grupo dentro de un colegio tan high y cuico como al que asistí durante 12 años, ganándome un cupo directamente con mis aptitudes y no por pitutos (entré en primero básico, ganándole otros 150 niños de 6 años que estaban postulando), me hizo dar cuenta de que si bien no entraban al colegio hijos de familias mal constituídas (padres separados y variantes) y el status social en general de los grupos familiares de mi colegio eran de clase media alta, o derechamente alta, aun así hay un comportamiento reprochable en los niños, donde se cometían abusos como los que viví yo por ser "boliviano", "pobre", "negro", etc.
En el otro colegio, donde trabaja mi madre, entrevisté a la psicopedagoga y a dos profesores, cada uno dándome una arista distinta de los problemas que pasa el establecimiento: padres narcotraficantes, presos o asesinos, violencia intrafamiliar, familias mal constituídas, abandono indirecto (padres que viven con sus hijos, pero no se preocupan de ellos), etc. También los niños cometen abusos como los anteriormente narrados contra sus compañeros, y a eso podemos añadirle el porte de armas blancas, amenazas de muerte en los recreos, y amenazas de muerte por parte de los padres a los profesores cuando los hijos son mal evaluados.
Comparé las dos realidades, y concluyo que si bien hay comportamientos y prácticas horribles en los niños de ambas realidades sociales, unos son inherentes a la condición humana, que existen en todo rango socioeconómico y en todas partes del mundo.
La discriminación está presente en el Liceo Poeta Pablo Neruda de la comuna San Joaquín, colegio municipal de alto riesgo social, y en el Instituto Miguel León Prado, colegio particular subvencionado de San Miguel.
Si el problema viene de la formación moral que otorga la familia, estos casos comprueban que no necesariamente están ligados a la realidad socioeconómica, sucede en todos los estratos.
Y durante mi breve estadía en el colegio el día martes, estando con los amigos que tengo dentro de la generación 2009, no pude evitar preguntarme si cosas como las que tuve que vivir yo las vivió alguien más. Lo más probable es que así sea, y esa verdad se escondía tras las caras de alegría de más de alguno de esos jóvenes de entre 17 y 18 años, que en ese momento se unían en un falso compañerismo por Las Alianzas, como el que mostró mi generación el 2006 cuando "ganamos" el aniversario del colegio, y por un breve e hipócrita momento, todos nos amábamos y llevábamos bien.
PD: En la foto del grupo de niños problemáticos (link a la imagen en la frase), por si no lo deducen, soy el niño moreno con pelo largo, el más pequeño del grupo, sonriendo en la foto porque en ese momento ya no me golpeaban.
PD 2: La foto de cabecera muestra al autor de este escrito, osea yo, en tercero medio. La historia de esa foto es larga, pero estaba pasando por un buen momento y se notaba.